31 marzo 2008
27 marzo 2008
Artículo de "La Vanguardia" 26/03/08
¿Tareas más repartidas = más sexo?
Un estudio norteamericano sugiere que compartir las labores del hogar mejora la vida sexual
Todo depende del color del cristal con que se mire. Los sociólogos implicados confiesan que "nunca hubieran llegado a semejante conclusión". En cambio, los psicoterapeutas que han examinado la cuestión se muestran convencidos de que "hay una clara correlación entre el hecho de que los hombres realicen más tareas domésticas y la frecuencia de relaciones sexuales en la pareja."
Así que el Council of Contemporary Families (CCF), organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación de las necesidades de la familia contemporánea, ha decidido hacerles caso y sacarle punta al estudio que ha realizado sobre "la contribución de los hombres a las tareas del hogar y el cuidado de los niños" en Estados Unidos.
Según Scott Coltrane, sociólogo de la Universidad de Riverside (California) y coautor del informe, los hombres que friegan los platos o sacan la basura y que, en definitiva, contribuyen a las labores de la casa, podrían tener relaciones sexuales más satisfactorias porque "en general, cuantas más tareas domésticas hacen los hombres, más felices se sienten las mujeres".
El experto añade: "Cuando los hombres realizan más labores en casa, la percepción de las mujeres sobre la equidad y la satisfacción matrimonial aumenta, y la pareja tiene menos conflictos".
Joshua Coleman, psicólogo de San Francisco miembro del CCF y autor de un libro de consejos para que el hombre trabaje más en casa, no puede mostrarse más de acuerdo. "El trabajo en el hogar está asociado a altos niveles de satisfacción matrimonial y, a veces, a más sexo también", afirma.
En otras palabras: "Que la casa esté patas arriba y el hombre esté sentado en el sofá mientras la mujer pasa el aspirador, no hace aparecer el deseo", insiste Coleman.
El estudio, que se presentará en el congreso anual del CCF el próximo mes de abril en Chicago, no aporta ningún dato sobre la vida sexual de las parejas americanas pero sí señala que el trabajo de los hombres en la casa se ha multiplicado por dos desde 1960, pasando del 15 al 30% del total.
Un aumento que se traduce en dos horas menos de tareas para las mujeres y, según otro investigador, en una disminución de los divorcios. El informe también pone de manifiesto que esta misma tendencia va a continuar al alza en los próximos años, aunque al mismo tiempo alerta sobre el déficit de políticas sociales de ayuda a las familias trabajadoras americanas.
Un estudio norteamericano sugiere que compartir las labores del hogar mejora la vida sexual
Todo depende del color del cristal con que se mire. Los sociólogos implicados confiesan que "nunca hubieran llegado a semejante conclusión". En cambio, los psicoterapeutas que han examinado la cuestión se muestran convencidos de que "hay una clara correlación entre el hecho de que los hombres realicen más tareas domésticas y la frecuencia de relaciones sexuales en la pareja."
Así que el Council of Contemporary Families (CCF), organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación de las necesidades de la familia contemporánea, ha decidido hacerles caso y sacarle punta al estudio que ha realizado sobre "la contribución de los hombres a las tareas del hogar y el cuidado de los niños" en Estados Unidos.
Según Scott Coltrane, sociólogo de la Universidad de Riverside (California) y coautor del informe, los hombres que friegan los platos o sacan la basura y que, en definitiva, contribuyen a las labores de la casa, podrían tener relaciones sexuales más satisfactorias porque "en general, cuantas más tareas domésticas hacen los hombres, más felices se sienten las mujeres".
El experto añade: "Cuando los hombres realizan más labores en casa, la percepción de las mujeres sobre la equidad y la satisfacción matrimonial aumenta, y la pareja tiene menos conflictos".
Joshua Coleman, psicólogo de San Francisco miembro del CCF y autor de un libro de consejos para que el hombre trabaje más en casa, no puede mostrarse más de acuerdo. "El trabajo en el hogar está asociado a altos niveles de satisfacción matrimonial y, a veces, a más sexo también", afirma.
En otras palabras: "Que la casa esté patas arriba y el hombre esté sentado en el sofá mientras la mujer pasa el aspirador, no hace aparecer el deseo", insiste Coleman.
El estudio, que se presentará en el congreso anual del CCF el próximo mes de abril en Chicago, no aporta ningún dato sobre la vida sexual de las parejas americanas pero sí señala que el trabajo de los hombres en la casa se ha multiplicado por dos desde 1960, pasando del 15 al 30% del total.
Un aumento que se traduce en dos horas menos de tareas para las mujeres y, según otro investigador, en una disminución de los divorcios. El informe también pone de manifiesto que esta misma tendencia va a continuar al alza en los próximos años, aunque al mismo tiempo alerta sobre el déficit de políticas sociales de ayuda a las familias trabajadoras americanas.
24 marzo 2008
Artículo de "El País" 24/03/08
REPORTAJE
Confirmado: "El amor es ciego"
Un estudio sostiene que las personas que están enamoradas pierden la capacidad de criticar a sus parejas
EFE - Barcelona - 24/03/2008
Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro sostienen que las personas que están realmente enamoradas pierden la capacidad de criticar a sus parejas, es decir, se vuelven incapaces de ver sus defectos, lo que viene a confirmar aquel popular refrán que asegura que "el amor es ciego".
Al menos esto es lo que sucede en los casos de amor romántico o maternal, en los que se ha detectado que, ante determinados sentimientos, se activan las mismas regiones del cerebro, según ha explicado la neurobióloga Mara Dierssen, investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Lo más curioso del caso, sin embargo, es que, paralelamente a esta estimulación que se produce en las mismas regiones cerebrales, en ambos tipos de amor se "desactiva" la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de las personas.
Se suprime, por tanto, la capacidad de criticar a los seres queridos, una situación que se reproduce tanto en humanos como en animales. "Cuando nos enamoramos perdemos la capacidad de criticar a nuestra pareja, por lo que puede decirse que, en cierta manera, el amor es ciego", señala Dierssen, que recientemente ha participado en un ciclo sobre Amor, ciencia y sexo organizado por la Obra Social de La Caixa.
"Adicción química"
Los estudios que desde hace varios años se llevan a cabo en humanos y ratones para conocer el complejo funcionamiento del cerebro están aportando datos tan novedosos como sorprendentes en el siempre estimulante terreno del amor. Estos avances están ayudando, por ejemplo, a responder a preguntas tan básicas, pero también tan enigmáticas y sugestivas, como qué pasa en nuestro interior cuando nos enamoramos, qué sucede en el cerebro o por qué sentimos -o no- deseo sexual.
El diccionario de la Real Academia Española define el amor como "un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". Para Mara Dierssen, sin embargo, el amor es algo más simple: "Una adicción química entre dos personas".
Dice esta investigadora que cuando existe enamoramiento de verdad se dan, en mayor o en menor medida, una serie de circunstancias comunes, como la atracción física, el apetito sexual o el afecto y el apego duradero. Estos sentimientos desencadenan en nuestro interior un conjunto de alteraciones químicas que generan sustancias como la dopamina, responsable de la sensación de atracción, o la serotonina, implicada en los pensamientos obsesivos.
El análisis de estos aspectos, así como de la actividad cerebral, también ha permitido constatar que el cerebro de hombres y mujeres funciona de manera diferente en cuanto al amor se refiere y que cuestiones como los diferentes niveles de apetencia sexual tienen una explicación científica.
"Se ha descubierto que existen diferencias entre géneros, de manera que el hombre es más sexual, tiene un apetito sexual más constante, mientras que la mujer es más sensitiva", explica Dierssen. Incluso la infidelidad afecta de manera diferente a unas y otras especies.
Confirmado: "El amor es ciego"
Un estudio sostiene que las personas que están enamoradas pierden la capacidad de criticar a sus parejas
EFE - Barcelona - 24/03/2008
Las últimas investigaciones sobre el funcionamiento del cerebro sostienen que las personas que están realmente enamoradas pierden la capacidad de criticar a sus parejas, es decir, se vuelven incapaces de ver sus defectos, lo que viene a confirmar aquel popular refrán que asegura que "el amor es ciego".
Al menos esto es lo que sucede en los casos de amor romántico o maternal, en los que se ha detectado que, ante determinados sentimientos, se activan las mismas regiones del cerebro, según ha explicado la neurobióloga Mara Dierssen, investigadora del Centro de Regulación Genómica de Barcelona. Lo más curioso del caso, sin embargo, es que, paralelamente a esta estimulación que se produce en las mismas regiones cerebrales, en ambos tipos de amor se "desactiva" la zona del cerebro encargada del juicio social y de la evaluación de las personas.
Se suprime, por tanto, la capacidad de criticar a los seres queridos, una situación que se reproduce tanto en humanos como en animales. "Cuando nos enamoramos perdemos la capacidad de criticar a nuestra pareja, por lo que puede decirse que, en cierta manera, el amor es ciego", señala Dierssen, que recientemente ha participado en un ciclo sobre Amor, ciencia y sexo organizado por la Obra Social de La Caixa.
"Adicción química"
Los estudios que desde hace varios años se llevan a cabo en humanos y ratones para conocer el complejo funcionamiento del cerebro están aportando datos tan novedosos como sorprendentes en el siempre estimulante terreno del amor. Estos avances están ayudando, por ejemplo, a responder a preguntas tan básicas, pero también tan enigmáticas y sugestivas, como qué pasa en nuestro interior cuando nos enamoramos, qué sucede en el cerebro o por qué sentimos -o no- deseo sexual.
El diccionario de la Real Academia Española define el amor como "un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". Para Mara Dierssen, sin embargo, el amor es algo más simple: "Una adicción química entre dos personas".
Dice esta investigadora que cuando existe enamoramiento de verdad se dan, en mayor o en menor medida, una serie de circunstancias comunes, como la atracción física, el apetito sexual o el afecto y el apego duradero. Estos sentimientos desencadenan en nuestro interior un conjunto de alteraciones químicas que generan sustancias como la dopamina, responsable de la sensación de atracción, o la serotonina, implicada en los pensamientos obsesivos.
El análisis de estos aspectos, así como de la actividad cerebral, también ha permitido constatar que el cerebro de hombres y mujeres funciona de manera diferente en cuanto al amor se refiere y que cuestiones como los diferentes niveles de apetencia sexual tienen una explicación científica.
"Se ha descubierto que existen diferencias entre géneros, de manera que el hombre es más sexual, tiene un apetito sexual más constante, mientras que la mujer es más sensitiva", explica Dierssen. Incluso la infidelidad afecta de manera diferente a unas y otras especies.

